domingo, 8 de septiembre de 2013

Error significativo

"El principito" es la más famosa de las obras del aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry. Casi un libro de culto para muchos, trata con palabras simples los temas más profundos.
Cuando en 1951 se preparaba su primera edición en español, el traductor Bonifacio del Carril detectó lo que él consideró como un error de cálculo. Sin dudar lo corrigió, convencido de que se trataba de una confusión del autor.
En el capítulo XIII  un personaje que realizaba sumas altera descuidadamente el resultado de una de ellas, al ser interrumpido por el Principito.

- Buen día – le dijo éste. – Su cigarrillo está apagado.
-Tres y dos son cinco. Cinco y siete doce. Doce y tres quince. Buenos días. Quince y siete veintidós. Veintidós y seis veintiocho. No tengo tiempo de volver a encenderlo. Veintiséis y cinco treinta y uno.

Tiempo después, mediante lecturas comparadas con el original, se descubrió el cambio, y se desató una discusión acerca de las libertades de su rol y el atrevimiento de hacer correcciones al autor de una obra. Esto llevó a que ediciones futuras volvieran al error original, pero sin lograr un acuerdo total, y pueden encontrarse todavía ambas versiones en las librerías.
Ese error hoy se considera intencional, y pone en evidencia el fastidio que le genera al hombre de negocios ser interrumpido, nuevamente, luego de once años de tranquilidad.
El error, la equivocación, la falla, no es en si misma algo que deba evitarse, sino que debe invitarnos a mirar más profundamente, para descubrir en sus raíces cuál es su causa primera.

sábado, 10 de agosto de 2013

Verdad y realidad

Cuando en 1948 George Orwell describió esa sociedad futura, desolada, vigilada, ambigua, le pareció oportuno ubicarla en 1984, y así tituló a su novela.
En ella la realidad es manipulada permanentemente por el Partido, para su propia conveniencia. Se altera el presente y se altera el pasado. A tal punto llega ese control, que incluso se establece la validez de verdades matemáticas, abstractas e inmutables:

Al final, el Partido anunciaría que dos y dos son cinco y habría que creerlo. Era inevitable que llegara algún día al dos y dos son cinco. La lógica de su posición lo exigía. Su filosofía negaba no sólo la validez de la experiencia, sino que existiera la realidad externa. La mayor de las herejías era el sentido común. Y lo más terrible no era que le mataran a uno por pensar de otro modo, sino que pudieran tener razón. Porque, después de todo, ¿cómo sabemos que dos y dos son efectivamente cuatro?

Winston, el protagonista, se ve arrastrado por la presión de ese convencimiento, al punto que duda de sus conocimientos, sus sentidos, su razón, su entendimiento, y de la realidad misma:

-Tardas mucho en aprender, Winston -dijo O’Brien con suavidad.
-No puedo evitarlo -balbuceó Winston-. ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo ante los ojos si no los cierro? Dos y dos son cuatro.
-Algunas veces sí, Winston; pero otras veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez. Tienes que esforzarte más. No es fácil recobrar la razón.

Y es lícito que a esta altura también nosotros nos preguntemos si, inevitablemente, 2+2=4. ¿Por qué? ¿Por qué si? ¿Por convención, por necesidad, por capricho?
A contestar estas cuestiones se dedicó Peano, un lógico, filósofo y matemático italiano, nacido en 1858. Su sistema axiomático viene a dar argumentos a un saber totalmente instalado, que queda así validado para la posteridad.
Y es tan necesaria esa validación, porque de una afirmación falsa puede deducirse cualquier cosa, como ya hizo Bertrand Rusell.
Y es tan certera esa validación, que afirmar algo en contrario, como que 2+2=5, se ha convertido en el mejor ejemplo para dejar en evidencia los intentos de perpetuar una ideología.

jueves, 4 de julio de 2013

Numerables

Desde que Georg Cantor definiera el concepto "numerable" poco antes del 1900 en Rusia, tenemos esa manera elegante de decir algo simple. Un conjunto es numerable cuando sus elementos pueden ponerse en correspondencia uno a uno con el de los número naturales (o un subconjunto de él). ¡Cuando sus elementos se pueden contar!
Si bien la definición matemática es bastante rigurosa, es fácilmente aplicable mientras no se la lleve a extremos forzados.
Y aunque poco nombrado y poco visible, es un concepto habitual en nuestras vidas, que ponemos en juego cada vez que contamos (numeramos): los dedos de una mano, las velas de una torta, las butacas de un teatro, las habitaciones de un hotel (aunque sea el de Hilbert).
Y esto tan cotidiano es lo que incomoda a Johnny Carter, el protagonista de "El perseguidor", de Julio Cortázar:

- Hace rato que no nos veíamos -le he dicho a Johnny-. Un mes por lo menos.
- Tú no haces más que contar el tiempo -me ha contestado de mal humor-. El primero, el dos, el tres, el veintiuno. A todo le pones un número, tú. Y ésta es igual.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Memoria

Prejuicios.
Preconceptos.
Estereotipos.
Es muy difícil escapar a todos ellos, aún cuando se haga el esfuerzo.
Cuando Murakami escribió "1Q84", girando en torno a Aomame y Tengo, una entrenadora y un profesor de matemática, se escabulló de los lugares comunes, haciendo de él un escritor en las sombras, y de ella, una asesina.
Sin embargo, aunque Tengo no sea el típico profesor de matemática, ni su vida sea típica en ningún sentido, alguien tiene que cargar con tanta imagen del inconsciente colectivo, que insiste con distracciones y falta de habilidades sociales. Y es por eso que Tengo reflexiona de esta forma acerca de uno de sus colegas:

"Si se acordaba. Ése era el problema de los matemáticos. En todo lo que no les concernía directamente, su memoria tenía una vida muy corta."

jueves, 13 de septiembre de 2012

Sentimiento

Casi 200 años de historia, mayormente europea, se recorren en "El ocho", de Katherine Neville. Pasando por personajes tan ciertos como Napoleón a otros tan improbables como Mireille de Rémy, de un ancestral Carlomagno a actuales reyes y presidentes de países árabes, la novela se desdobla en dos épocas, unidas por el misterioso ajedrez de Montglane.
Algunos de sus protagonistas son matemáticos, aficionados o profesionales, y no sólo se valen de diferentes códigos para comunicarse, sino que logran descifrar claves que pasan desapercibidas para muchos otros.
En una carrera desesperada por lograr cumplir su misión al mismo tiempo que escapa de múltiples complicaciones, la protagonista contemporánea se ve invadida por un sentimiento inusual, al entender finalmente un mensaje guardado por muchos años:

Trabajamos toda la noche. Ahora comprendía por qué los matemáticos se sienten recorridos por una onda trascendental de energía cuando descubren una nueva fórmula o ven un nuevo patrón en algo que han contemplado mil veces.
Sólo las matemáticas proporcionaban el sentimiento de atravesar otra dimensión, una que no existía en el tiempo y el espacio... ese sentimiento de caer dentro y a través de un acertijo, de tenerlo en torno de manera física.

Si bien el relato alcanza un cierre, existe una secuela que muestra la evolución de algunos de los personajes. Se llama "El fuego", y es de la misma autora.

domingo, 8 de julio de 2012

De película

Como Víctor es un nombre poco adecuado para ser un malvado de película, de esos que tienen toda la tecnología de su lado, este Víctor en cuestión decide rebautizarse como "Vector".
Y por si Gru, el protagonista de "Mi villano favorito", no tiene muy claro qué es un vector y por qué decidió llamarse así, él mismo lo explica:


Matemáticamente hablando, un vector se caracteriza por su dirección, sentido y módulo, pero vale extender el beneficio de la duda a la terminología que pueda usarse en España, ya que el doblaje corresponde a ese país.

domingo, 12 de febrero de 2012

Calculistas

Cuando al protagonista sin nombre del libro "Kamchatka" le llega el momento de elegir uno, el autor lo hace optar por Harry, como el famoso escapista Harry Houdini.

Y aunque el escapismo del que se habla en esa historia es mucho más real y menos mágico, el otro, el del show y la sorpresa alegre, es el eje de un diálogo entre madre e hijo. Diálogo con cálculos.

(Harry): -Houdini se metía adentro [del sarcófago] todo encadenado y entonces lo tiraban al agua. Pasaba un montón de tiempo ahí abajo y no se ahogaba.
(Madre): -Porque calculaba bien el aire.
-El aire no se calcula, se respira.
-Quiero decir que sabía cuánto aire le quedaba adentro de la caja, y por lo tanto cuánto podía durar bajo el agua. Si de veras querés ser escapista, vas a tener que calcularlo también.
-Me retracto. ¿Los colectiveros calculan algo?
-Vueltos.
-¿Los arqueólogos?
-Años.
-¿Los enfermeros?
-Dosis.
-Puedo ser escapista y tenerte de asistente.
-Por un módico precio. Hagamos números.




Este libro fue llevado al cine en el año 2002, con el mismo título, "Kamchatka", con Ricardo Darín, Cecilia Roth y Matías del Pozo (como Harry).